Volar es la forma más segura de viajar. Y para demostrarlo no hay
Arrastrando la mochila entre los escombros me asomé al interior y una señora me indicó que pasara. Temí que fuera una broma, pero me pareció mucho decorado para una cámara oculta, así que la seguí al interior (o, al menos, a la parte con techo) y le pregunté (por señas) por el vuelo a Nukus (mi destino). Siguiendo sus indicaciones subí un piso y, entre los despachos vacíos encontré al que parecía el último funcionario con vida
Allí estaba: la sala de facturación. Vacía. Bueno, estaban los mostradores de facturación. O algo parecido, porque en realidad eran mesas normales con una báscula al lado. Al cabo de unos minutos aparecieron un par de pasajeros más. Diez minutos más tarde llegó el personal de la línea aérea. "Por fin", pensé yo, y me acerqué con mi equipaje. Comencé hablar en inglés, pero tampoco era lo suyo, así que nuevamente (por señas) les expliqué dónde quería ir y cuál era mi número de billete. Comprendido: pesaron mi mochila y me dieron mi tarjeta de embarque. Cuando me daba la vuelta me señalaron la mochila. "¿Algun problema?". "No, que te la tienes que llevar tú al avión". Pues...vale.
El siguiente paso lógico era el chequeo de seguridad y pensé que sería fácil después de lo anterior. Pero aquí no lo hace la policía, sino el ejército. Y lo revisan to-do. Para empezar, la soldado que tomó mis datos insistió en saber la dirección de todos los hoteles donde había estado, apuntó mi número de billete electrónico, mi tarjeta de embarque, revisó mi visado, mi pasaporte...Yo me impacientaba, pero aquí el ejército es cosa seria y, además, el que la individua en cuestión llevara colgadas varias patas de conejo del uniforme no me pareció que dijera mucho de su salud mental, así que me lo tomé con paciencia.
Después tocó pasar el equipaje por el escáner, el cacheo de rigor y, por si fuera poco, revisión de la cámara. Aquí el soldadito de turno demostró ser entre concienzudo y curioso, porque mientras dejaba sus huellas en cada uno de los accesorios y filtros de la cámara insistía en que yo le explicara qué eran y para qué servían. Contarle a alguien (por señas) para qué vale un polarizador circular cuando ni siquiera lo tengo muy claro en español fue una prueba muy dura.
Finalmente las fuerzas armadas se cansaron de mi y decidieron ir a por el siguiente paisano (o paisana: una señora con una bolsa llena de panes y un atillo de ropa envuelto en una sábana, os lo juro), así que fui a la "sala de embarque". Por llamarlo de alguna forma, porque en realidad eran unas sillas puestas al borde de la pista. Mientras veíamos
Tras desalojar al anterior pasaje, llegó una azafata muy educada para llevarnos al avión. Subiendo la escalerilla me di cuenta de que parte
De las tres horas de vuelo recuerdo a la azafata ofreciendo las mismas bebidas una y otra vez, a los pasajeros roncando y cómo las helices
Con cariño,
Vuestro T'io Matt.
Sí, sí, pero mírate qué pijo tú con tu billete electrónico...
ResponderEliminarSi le sirve de consuelo, Tío Matt, en mi avión de reciente regreso a España también un señor se puso a rezar mirando a la Meca. Pero a todo confort, eso sí, que una vuela con Qatar Airways. Y el señor era, lo menos lo menos, chófer de jeque.
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