Catacumbeando por Malta (14 de Junio de 2009)

Queridos sobrinos,

Hace sólo unas horas que he vuelto de Malta (ese gran país) y, como es habitual, pensaba ilustraros con una crónica de los usos y costumbres de aquellas tierras que iba a titular "Malta: soleada cutrez". Como he estado o-cu-pa-dí-si-mo tomando cervezas frente al mar se me ha echado el tiempo encima y aquí me veo: en casa y sin ocuparme de vosotros. En cualquier caso, no quiero dejar de contaros una experiencia límite que puede haber cambiado mi vida y mi percepción de la realidad...o no.

Os pongo en situación: en mi afán por conocer cosas y culturas puse rumbo a un pueblo llamado Rabat (efectívamente el nombre no presagiaba nada bueno), donde me informaron de que lo que abundaba en esa zona eran las catacumbas. Por si alguno no ha visto películas de terror o leído a Matilde Asensi, una catacumba es uno de esos laberínticos túneles subterráneos donde los primeros cristianos hacían sus cositas. Como no soy amigo del cine de terror ni he leído a la Asensi, pensé que nada malo me podía ocurrir...y compré una entrada.

Nada más bajar al subterráneo me encuentro al guía del museo hablando con una pareja de jubilados recientes que, por lo que me enteré, venían de Israel. El aspecto del guía fue lo primero que me llamó la atención: procedía, sin duda, de las escenas suprimidas de Muchachada Nui. Para los que no conozcan este programa diré que su aspecto desaseado, su pelo grasiento y su mirada huidiza no causaban buena impresión, pero que lo que más me impedía considerarle un buen profesional del tema museístico eran sus pantalones sobaqueros que, sin embargo, no impedían la desagradable visión de sus lorzas y calzoncillos (rojos, para más inri) cada vez que la camisa se le desplazaba. En otras palabras, con los veintitrés años que afirmaba tener, era ya un friki de marca mayor.

El susodicho guía comentaba que las catacumbas eran usadas por los antiguos cristianos, a lo que nos pregunta con voz muy seria si nosotros lo somos (cristianos, no antiguos). Los israelíes contestan que ellos son ateos, lo cual me sorprende un poco, pero no hago mucho caso (un rato después esta información se demostraría brutal). El guía pregunta si, a pesar de eso, conocemos todos la figura de Jesús. Yo estoy a punto de contestar irónicamente que de toda la vida pero que hace tiempo que no quedamos, cuando el individuo continúa: "es que cuando les explico la visita a los japoneses, ellos no saben quién es Jesús". Miro a mi alrededor con disimulo por si me he perdido algo, pero seguimos siendo sólo los dos israelíes y yo; ni asomo de japoneses. En este momento, y para sumarse al absurdo, llega una joven pareja de alemanes que preguntan si se pueden unir a la visita. Contestación: "Esto no es una visita, estamos en un funeral. Pero sois bienvenidos si queréis dar vuestros respetos". Los germanos, lógicamente, se quedan con cara de otro y empiezan a tartamudear. Yo, para salvar la situación, me río (aunque el "chiste" no ha tenido ni puta gracia) y les digo que, obviamente, es una broma. A ellos tampoco les hace ni puta gracia.

Según vamos avanzando por los túneles las explicaciones del guía se vuelven más erráticas e incongruentes. Afirmaciones serias como "cuando hace unos años se hallaron aquí varios tipos de tumbas se demostró que en el Imperio Romano ya había varias clases sociales" decían muy poco, no sólo de su conocimiento de la historia, sino de su relación con la realidad. Tanto es así que al llegar a un grupo de tumbas llenas de huesos (obviamente de atrezzo) el amigo afirmó que los restos eran auténticos y que él, como arqueólogo que era, los había examinado personalmente encontrando "dos cuerpos con osteoartritis, ligero raquitismo, fracturas en costillas y húmero de uno de ellos y en la pierna del otro, calcificación, caries, reúma, problemas digestivos y dos tumores. Edad al morir: 40 años". Nunca sabré si ésta era otra de sus putas bromas sin gracia o si realmente se creía un miembro de CSI. Y sin embargo, no había llegado lo peor...

Como último punto de la visita llegamos a una cámara semicircular de unos veinte metros cuadrados con una de las paredes pintadas. No había que ser un genio para darse cuenta de que aquello era una capilla con su pequeño altar y todo. Pero no, el individuo se descuelga diciendo que, tras todos los tipos de tumbas que habíamos pasado ésta era sin duda la más lujosa de todas. Propia de un individuo muy rico que, en lugar de ser enterrado en un agujero de la roca como los demás había pagado para que le excavaran una habitación, le metieran en el suelo, taparan el agujero y sellaran la entrada. Y que, a pesar de lo que sostenían muchos estudiosos, las palomas pintadas en la pared no representaban al Espíritu Santo ni a la Comunión, ni nada de eso, sino a las palomas del Arca de Noé, pero que como él era un arqueólogo muy joven no le hacían caso y nadie se tomaba en serio sus teorías. Silencio tenso. El alemán y yo nos miramos de reojo aguantando la risa. Y el jubilado israelí, tomando la palabra, suelta: "Pero estas pinturas son falsas, ¿no? Bueno, vamos a comprobarlo". Y es aquí, en este preciso momento, cuando el continuo espacio-tiempo se va a tomar por culo y me veo de repente en la octava dimensión.

El judío-ateo, sin mediar palabra, saca un péndulo de una bolsita y lo sostiene en una mano, acerca la otra a escasos cinco milímetros de las pinturas y cierra los ojos con expresión de maestro Jedi estreñido. Miradas confusas en la parroquia; el "arqueólogo" pone cara de Blas el de Barrio Sesamo; los alemanes murmuran algo que, sin saber yo su idioma, supe que quería decir "y éste qué cojones está haciendo ahora"; y el judío-ateo-Jedi que abre los ojos, se separa lentamente de las pinturas, guarda el péndulo y sentencia "Efectívamente, son auténticas: del año 114 después de Cristo".

¿Cómo os habéis quedado? Pues ni la mitad de como estaba yo, que no sabía si rascarme el reloj o darme cuerda al culo. Gracias a Dios me salió la vena flemática y, en lugar de la carcajada de rigor, me limité a levantar mucho la ceja y carraspear. Craso error, porque el gurú del pendulito, tomándolo como muestra de interés por mi parte, comenzó a soltar carrete: "Con este método soy capaz de datar cualquier cosa y les aseguro que es infalible, pues me he dedicado a usarlo con todo tipo de cosas y siempre funciona". Y como nadie consiguiera articular palabra, se envalentona y nos confiesa: "Lo he aplicado a multitud de restos arqueológicos. Sin ir más lejos aquí en Malta he datado el templo de Ggantija en 23.500 años antes de Cristo. Pero lo más sorprendente es que siempre hay un vacío entre el 23.000 A.C. y el 11.000 A.C. Nunca he encontrado restos de esa época, lo cual demuestra que la Tierra fue sepultada por el diluvio universal y que la humanidad casi fue extinguida y necesitó miles de años para rehacerse". Y va el guía, del que ya casi nos habíamos olvidado, y suelta: "¡Si ya sabía yo que era verdad! Pues no decía yo que los dibujos de las palomas eran las del Arca de Noé...¡Pero no me cree nadie!"

Fué en este momento que casi me lo hago encima: al darme cuenta de que estaba en un laberinto de túneles subterráneos con un loco que fingía ser arqueólogo y un judío-ateo creyente en el diluvio universal (¡¡joder, un ateo creyente en el diluvio!!). Manteniendo siempre la sonrisa me puse a buscar una posible salida con la mirada. "Tú tranquilo", me decía, "ante todo nada de gestos bruscos ni de ponerles nerviosos". Pero el guía y el pendulista ya se habían enfrascado en una conversación de altura sobre sus respectivas teorías.

Os ahorraré detalles del camino de vuelta, aunque sí os diré que se me hizo eterno. Y que, mientras que la mujer del israelí se dedicaba a darme conversación sobre el tiempo (como si me importara una mierda lo fresquito que se estaba allí abajo con respecto a la calle), el guía le iba pidiendo al otro que datara más y más cosas con el pendulito. Insoportable. Ya en la escalera de salida, y a modo de despedida, se produjeron las últimas frases lapidarias:

- El pendulista al guía: "Me alegra ver que un científico como usted corrobora mis hallazgos. Siempre me sorprende que la ciencia no haga caso de estos métodos a pesar de que nunca se equivocan."

- El guía al pendulista: "Sí, yo estoy de acuerdo con sus puntos de vista, pero los demás arqueólogos no toman en serio mis teorías. Pero no importa, algún día me creerán..."

Y con esta profética frase salimos al exterior.

Con cariño,
Vuestro tío Matt.

P.S.: Sólo por curiosidad. Ggantija es del año 3500 A.C., no del 23.500 A.C. (no lo digo yo, sino el Carbono 14).

P.P.S.: Obviamente, no hay construcciones anteriores al 4000 A.C., pero sí hay muchos restos humanos y asentamientos entre el 23.000 A.C. y el 11.000 A.C.

P.P.P.S.: Me volví a encontrar a los judíos en la parada del autobús. Lógicamente, cambié de autobús.

2 comentarios:

  1. Que grande!!!!!
    Esperamos ver fotos y no todas cochinas ...
    Antonio Agudo.
    Ps. para cuando 1 vuelta al mundo???

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  2. Me he partido de la risa. Un saludo.

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