De mercados y habitaciones (26 de Septiembre de 2009)

Queridos sobrinos,

Ayer cambie 200 dolares en el mercado negro. El conductor/cambista con el que trataba hizo una llamada por telefono y 10 minutos despues le trajeron una bolsa negra que me entrego sin mas ceremonia. Dentro habia 370000 Som en billetes de 500 y 1000 sujetos con gomas elasticas. El total pesaba mas de un kilo y me hizo sentir como un mafioso cutre. Estoy en Uzbekistan...

El episodio de los billetes no fue, en cualquier caso, un absurdo aislado. El viaje comenzo de forma incomoda, con 12 horas de viaje via Moscu y un ultimo vuelo concurrido de ex-sovieticos sudorosos que discutian con las azafatas y a los que les olian los pies. Desagradable tirando a asqueroso. Una vez en tierra hube de disfrutar de los placeres de la burocracia centroasiatica: impresos solo disponibles en uzbeko, sellos y mas sellos en el pasaporte, registro de equipajes...para cuando sali eran las 4:30 de la madrugada y solo queria una cama. Pero ten cuidado con lo que deseas...

El hotel se llama Ali-tour y esta recomendado hasta por Lonely Planet. Y la habitacion tiene cama. Dos, de hecho. En la primera apoye la mochila con miedo de que durante la noche anidara algo. La segunda es poco mas que una tabla con una colchoneta cubierta por una tela. No habia sabana, solo una manta. En cuanto al retrete, dire que el suelo esta lleno de agujeros, la ducha ha visto decadas mejores y la cisterna no tiene tapa, con lo que para tirar de ella hay que meter la mano y subir el embolo. Maldiciendo mi suerte, mee, me desinfecte las manos con mi propio jabon y me puse hasta calcetines para dormir.

Sin embargo, lo malo no dura siempre y el viernes amanecio soleado. Me vesti y fui al jardin/patio interior a desayunar. Sin preguntarme me sirvieron un huevo frito supurante de grasa, te y pan. Mientras estaba a la fresca organize lo del dinero y luego pedi un cambio de habitacion. Al preguntarme el porque me bloquee y puse como excusa que la cisterna no funcionaba bien. La segunda habitacion esta mucho mejor. Si apilo los colchones de las dos camas consigo no dejarme la espalda en cada movimiento y, aunque la cisterna tampoco tiene tapa, al menos el embolo esta mas arriba y el suelo no tiene agujeros. Se puede ser feliz con tan poco...

Atentamente,
Vuestro Tio Matt.

P.S.: Disculpad las faltas de ortografia, vuelvo a estar en tierras de alfabetos agresivos...
P.P.S.: El segundo dia tambien me han puesto huevo frito, pan y te. Sospecho que soy parte del ensayo clinico mas cruel desde el Doctor Mengele...
P.P.P.S.: Se que esta postal es muy corta y, sin duda, esperais mas noticias, pero el cibercafe donde estoy es el rincon de un sitio de comida rapida que tambien tiene tintoreria (!). Es decir, apesta a comida basura y detergente a la vez y hace 45 grados. Sinceramente, tengo que irme.

2 comentarios:

  1. SOn esas pequeñas cosas, como que el metro venga por el otro lado en Barcelona, como que en un avión huela a pies de forma persistente, las que te recuerdan que no estás en casa. Tengo vagos recuerdos de un nauseabundo olor a pies a mi alrededor en alguna parte. Pero mi sentido de la alianza de civilizaciones me ha permitido olvidar dónde fue.

    Coma huevo frito, Tío Matt, rediez. Es lo más proteínico que va a encontrar por esos lares.
    Y moje pan en la grasa.

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  2. Querido tío Matt,
    Le recomiendo una experiencia mística única en el mundo y que solo puede ser vivida en Uzbekistán. Acuda a una choyjoná y comase un plov (arroz amarillento con carne normalmente de caballo entre otras guarradas). El momento místico llegara cuando a la pitiutaria le lleguen los hedores de la entrepierna de los indígenas uzbekos ya que normalmente comen tirados en el suelo con las piernas bien abiertas. Le aseguro que nunca más volverá a ser el mismo.

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