Cuánto tiempo, queridos míos (3 de Diciembre de 2004)

Queridos sobrinos,

Han pasado varios días desde que os escribí por última vez. Sé que esto os habrá causado mucho nerviosismo y honda preocupación, pero no me he muerto ni me he roto el dedo del doble clic, es solo que hay un único ordenador en el albergue para conectarse a internet y después del antro en el que me tuve que meter en Tallinn, no he querido ir a un cibercafé.

Grandes cosas han pasado en este tiempo, pero no a mí, que he seguido viajando tranquilamente. Como os conté antes, estoy en Riga (Letonia), pero me he movido bastante. El martes me fue a conocer un pueblecito llamado Sigulda, que está en un precioso parque natural lleno de castillos. Seria idílico si no fuera porque había 15 centímetros de nieve en las aceras, los arboles estaban pelados y la niebla solo hacía pensar en lobos. Pero allá que fui, con dos cojones, a meterme en la foresta y a ver ruinas. Pero lo curioso vendría después. Para poder llegar al castillo de Krimulda me indicaron que lo mas seguro (!) era coger el teleférico que atraviesa el cañón del rio Gauja (todos estos nombres tienen un montón de acentos raros y signos por encima y debajo de las letras, pero sé que lo sabréis comprender). Al llegar allí una entrañable ancianita de no menos de 75 años me vendió un ticket de ida y vuelta (veis que yo mantenía un optimismo a toda prueba). Mientras estaba esperando, llegaron otros tres individuos que resultaron ser españoles (catalanes, por mas señas) y se llamaban Pau, Quim y Marc (pueden parecer nombres artísticos de la familia Aragón, como Rodi, Fofo y Gabi, pero eran los de verdad). Tales individuos, que resultaron ser muy majos, como se verá después, también iban a subir al teleférico. Fue aquí cuando la entrañable viejecita salió de su despacho de billetes y, enfundándose un gorro de colores, tomo el papel de conductora del teleférico. Entonces comprendimos que éramos los únicos pasajeros que había tenido ese cacharro infernal en todo el día y que tal vez nos habíamos precipitado al comprar el ticket de vuelta.

Al final el tema no fue a mayores y vimos el castillo de Krimulda (que en realidad no es un castillo sino una mansión y ahora es utilizado como manicomio). Después llamamos a la vieja para que nos acercara de vuelta en el teleférico y nos fuimos los cuatro a comer (los catalanes y yo, que para entonces ya éramos colegas). Tras la opípara comilona nos fuimos en el coche de alquiler de los catalanes a ver otro castillo en mitad de un monte. Cuando terminamos ya era de noche, así que tuvimos nuevos momentos de tensión. Para celebrar que seguíamos vivos nos volvimos a Riga (ya estaba bien de tanto campo y tanta hostia) y acabamos tomando cervezas en el bar FC Barcelona (a propuesta de los catalufos, claro), donde se llevaron una gran desilusión al comprobar que del Barca solo había dos gorros y un escudo. Tras eso cenamos una pizza en un sitio muy recomendable y les deje cuando proponían ir a un sitio llamado Temple, donde se dan "masajes" (los chicos me llamareis rajado, pero tras las experiencias de Tallinn prefiero no acercarme por ningún lupanar báltico).

El miércoles termine de visitar el centro de Riga y probé un licor típico de aquí, el Riga Melnais Balzam (bálsamo negro de Riga). Tras la experiencia ya conozco exactamente el sabor de esa mezcla de asfalto y keroseno que queda en las pistas tras el despegue de los aviones. Es posible que lleve una botella para que lo bebáis (no pongáis esa cara, los que salís por Madrid habéis tomado cosas peores). También es digno de mención el pan de centeno, ya que se puede cortar con una espátula sin desmigarse y producir así rebanadas del color, textura (y creo que sabor) de la suela de un zapato. Quitando estas cosillas la comida está muy bien. Incluso me he atrevido a ir de compra a un súper para hacer sándwiches para las excursiones. Esto os puede parecer algo muy arriesgado, pero os aseguro por mi experiencia que los derivados del cerdo que se pueden meter en bocata se dividen internacionalmente en los siguientes grupos:

- Cosas parecidas al salchichón
- Cosas parecidas al chóped
- Cosas inidentificables

Mi recomendación para hacer la compra en cualquier país es restringirse a los dos primeros grupos y, si hay huevos, comprar algo del tercero (pero solo un poco).

Hoy lo he dedicado a ver un palacio precioso que esta a tomar por culo (cerca de un pueblo horroroso llamado Bauska). Mañana me voy a otro pueblecito (Kuldiga) para conocer la Letonia rural y poder compararla con Cuenca (por ejemplo). Para terminar, el domingo sigo viaje a Lituania (Vilnius) desde donde os volveré a escribir.

Muchos abrazos.

Vuestro tío Matt.

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