Hola, queridos sobrinos:
Para los que habéis recibido estas postales con anterioridad, decir que hace mucho que no os escribía, creo que desde el año pasado en Escocia. Lo siento y hago propósito de enmienda desde ya. Para los nuevos, por favor no borréis este correo sin haberlo leído. Contiene perlas de sabiduría fruto de mis viajes por el mundo exterior que puede que necesitéis cuando seáis mayores.
Bueno, tras los preámbulos deciros que estoy en Berlín (como habréis deducido por el título). Ciudad alemana donde las haya, Berlín estuvo durante muchos años dividida por una de esas tonterías que les da a los alemanes de vez en cuando (que me voy a levantar una valla Patxi, hosti Aitor pues yo mas, que no hay cojones, que a ver quién pone mas ladrillos, andalahostia si nos hemos partido el pueblo este...). En fin, lo de siempre. Ahora la ciudad ya no está dividida, porque los alemanes entre otras cosas son muy caprichosos (hosti Patxi, con la valla esta no puedo ver tu caserío, cojones Aitor ni yo el tuyo, pues tráete el hacha que la tiramos, pues voy a por ella, pues a ver quien termina antes su parte...). En fin, lo de siempre otra vez.
Yo estoy alojado en la parte este, situada mas a la derecha que la parte oeste, que esta mas a la izquierda. Todo esto si se mira hacia el norte claro; si no, la cosa cambia. Creo que con estas sencillas indicaciones ya estáis totalmente orientados para lo que os pueda contar.
El primer día fui a ver Alexanderplatz, el corazón del antiguo Berlín comunista. La plaza en si es como coger Getafe Sector tres y dinamitar cosas al azar hasta que quede algo aun mas feo que Getafe Sector tres. Luego lo llenas de alemanes para darle un toque de color. Sin embargo, a pesar de esta falta de encanto me vino a la cabeza esa canción de Franco Battiato cuyo estribillo decía "Alexanderplatz. Auf Wiedersehen. Y había nieve". Versos estos que como todo lo escrito por Battiato no tienen sentido ni del derecho ni del revés. Pero él lo cantaba. Y tan feliz.
Total, que me fui de la plaza con la puta canción entre las orejas y una profunda sensación de haberme equivocado de parada en el Metrosur. Pero entonces llegue al centro, lo que se dice centro histórico de Berlín (que es histórico porque tiene algo mas de cincuenta años) y todo cambio. Los edificios allí son como el del centro comercial Parque norte, pero con el gracejo propio de los alemanes. Muy bonito, en serio.
En cuanto al día de ayer, llovió de lo lindo, así que decidí meterme por la tarde en uno de los pocos museos que abren en lunes, el museo de los judíos. Cuenta la historia de los judíos y las judías desde el imperio romano hasta nuestros días. Muy interesante, aunque demasiado largo de ver. Sinceramente, me alegre cuando llegaron las salas sobre el holocausto porque significaba que ya quedaba poco. Creo que deberían haber tenido esto en cuenta para no convertir a los pobres estudiantes alemanes que lo visiten en antisemitas (otra vez).
Por lo demás, pocas cosas. El albergue está muy bien, con habitaciones mixtas, lo que le da un encanto especial (no penséis mal, niños y niñas, que ya veo vuestras sonrisas maliciosas). He tenido un par de compañeros alemanes, dos chicas de Malasia con las que charle amigablemente sobre el tiempo y otras dos de Australia (creo) con las que no he charlado de nada porque no hacen mas que dormir, las muy ceporras (viajar tropecientos mil kilómetros para echarse una siesta es tomarse la vida con muchos cojones). Ahora me voy a marchar del albergue y esta tarde me voy a Tallinn, en Estonia, desde donde espero seguir escribiéndoos.
Saludos a todos por España,
Vuestro tío Matt.
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