Noticias múltiples (29 de Noviembre de 2004)

Queridos sobrinos:

Hace varios días que no os escribo y, como comprenderéis, me han pasado bastantes cosas. Intentare ir por orden para no atolondraros con tanta novedad del mundo exterior.

Hace varios días me fui de Tallinn con la gente aclamándome a mis espaldas y las mujeres llorando desconsoladas (como siempre, por otra parte). El motivo era que quería ver Tartu, la ciudad universitaria por antonomasia (quizá la única) que hay en Estonia. Al llegar allí me encontré con que mi hostal era en realidad algo parecido a una residencia universitaria, con lo que he estado bastante cerca de mi mayor ilusión: vivir durante un año como el único habitante masculino en un colegio mayor de chicas. No solo eso. Resulta que tenia para mí solo una habitación con dos camas, un cuarto de baño propio y una tele. !Y hasta me dieron toallas! Casi se me saltan las lagrimas al verlo. Como acto de contrición en mi actual albergue he pedido estar en la habitación mas barata (una con doce camas). !Y, loado sea el cielo, aquí también me han dado una toalla! Señor, no soy merecedor de tantos dones, pero los recibo con humildad.

Esperaba que Tartu fuera una ciudad llena de marcha universitaria pero la verdad es que estaba bastante muerta (tal vez porque llegue en fin de semana y la gente se había ocultado en algún bar) pero por lo demás es bastante bonita. Especialmente emotivo fue el momento en que se encendió oficialmente el árbol de navidad de la ciudad. La plaza del ayuntamiento estaba llena de niños y mayores y, con ese gracejo que caracteriza a estos cálidos países, empezó a tocar una orquesta (cuatro personas), tras lo cual la alcaldesa (o alguien que pasaba por allí porque no me entere mucho) dijo unas palabras. Expectación. Nuevos toques de la orquesta (de los cuatro uno se quedó callado). Mas expectación. La alcaldesa que grita algo. Máxima tensión. Le acercan el interruptor oficial, lo aprieta y... !!!luces!!! Los niños aplauden (solo algunos) sorprendidos de que se enciendan las bombillas. Los adultos aplauden (unos cuantos mas) sorprendidos de que se enciendan las bombillas (es un país ex-comunista y nunca se sabe). En fin, precioso.

Después de semejante desmadre me he venido para Letonia (Riga para mas detalles) a seguir con la juerga. Letonia es un país pequeño de extensión pero grande de espíritu (que remedio les queda) que ha sido decisivo en la evolución de la cultura occidental. Entre las grandes personalidades que Letonia ha dado al mundo destacan…y otros muchos.

Por lo que he visto de Riga, es una ciudad muy bonita, con una arquitectura muy variada (entre otras cosas porque a los alemanes y a los soviéticos les dio por bombardearla de vez en cuando por un quítame-allá-esas-pajas). De todas formas he tenido que dejar la visita pronto porque ha empezado a nevar de lo lindo y las temperaturas han bajado a -7 con sensación térmica de -14 (fuente: weather.com) En términos técnicos esto es lo que los meteorólogos llaman "entre muy frio y frio-que-te-cagas".

El albergue es curioso, como viene siendo costumbre en este viaje. No se accede desde la calle sino desde el portal y tiene dos pisos, el primero y el tercero de un edificio que, para ser sinceros, huele mal. En la segunda planta hay un comisariado de inmigración o algo así (parece muy de funcionarios). A la cuarta planta no me he atrevido a subir por lo que pueda pasar tras lo de Tallinn.

Sin embargo, lo mejor aquí es la gente que puebla el albergue. Destacan dos compañeros de habitación que son un primor. A saber: italianos, pelito largo, barba desarreglada, pantaloncitos ajustados. Son una mezcla de dibujos japoneses ("Candy Candy" o "Ana y Sergio") y cantantes de finales de los sesenta (de Los Brincos o algo así). Estoy por hacerme colega suyo para sacarles una foto y que la veáis.

Bueno, creo que es bastante por hoy, que mañana tengo que madrugar. Sed buenos, queridos niños.

Vuestro tío Matt.

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